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SINOPSIS

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domingo, 19 de agosto de 2012

Cuando aquel libro que te hizo soñar... ahora tiene otro gusto, a adulto.

Hola mis amig@s!! ¿Cómo están? 
El título de mi entrada no suena muy alentador ¿no?, pero es que... en mi búsqueda de reseñas de clásicos, re-lecturas de libros que había leído cuando más pequeña... Me surgió la necesidad verdadera de hacer una entrada como esta... por la mutación que sufrí mentalmente cuando volví a leer (continúo haciéndolo) HEIDY, de JUANA SPYRI .

Shirley Temple. Película de la década del 1930.
Pues mi historia con este libro comienza en la biblioteca municipal de mi pueblo. Yo tenía 9 años, y era para ese entonces una de las lectoras que más frecuentaba la biblioteca, para la sorpresa de la señora Mirtha que atendía y que me dejaba llevarme más libros de los que debería (para mi privilegio). Una vez, revisando entre los estantes de la sección de infantil-juvenil, encontré el libro de Heidy. Una edición muy bonita, de tapas duras, de la década de 1960, con unas ilustraciones a carbonilla, y una Heidy atípica, no la conocida del dibujito japonés, no la conocidísima Shirley Templey. Esta llevaba cabello lacio y claro, y vestía con primor unos hermosos vestiditos un tanto más modernos. Y el texto estaba repartido en dos columnas por página. Así venían casi todos los libros viejos (y nunca entendí por qué). 

Encantada de la vida, y porque en aquella epoca no había internet para recordar los dibujitos que miraba de mucho más pequeña, me lo llevé a casa, mas que chocha. 
Lo debo haber leído en un día. Recuerdo que cuando agarraba un libro no lo soltaba hasta verle el fin. Con este debe haber pasado lo mismo...
Heidy, Clara y Peter. Animé japonés.

Podia sentir el rumor de los pinos del bosque, ver ese paisaje de los Alpes suizos en mi imaginación, soñar con Peter y sus cabritos saltando por los senderos de las montañas, y admiraba Frankfort ansiando conocer un lugar así. Yo misma veía la ciudad desde la ventana, cuando Heidy se asomaba para ver la calle. O subir la torre de la iglesia, volviendo con los gatitos escondidos en el delantal. La veía de mi edad, claro. La veía triste y lloraba con ella, deseando realmente regresar a las montañas, con el abuelo. 

Lo sentía tan carnal. Yo era Heidy. 

Hace poco, en una librería, encontré una edición compacta, sin ilustraciones, salvo la portada, en la cual tampoco se esmeraron mucho. Ahora, con un poco de tiempo, me senté a leerla nuevamente... 

Una sensación de vacío me recorrió el pecho y el estómago... y caí... ¿por qué no sentía esa misma sensación? Las respuestas de la niña a las cuestiones absolutamente infantiles eran tan... eso: infantiles. Mi heroína de la infancia era una niña de nueve años, y yo... me miro, claro, me miro y digo: yo ya no tengo nueve años. 
Yo ahora comprendo por qué DEte la deja al cuidado de su abuelo, porque no puede llevarla consigo; por qué después vuelve a buscarla; por qué el abuelo es hostil con ella; por qué Clara necesita atenciones... fue como descubrir la obra con otros ojos. 

Y... de aquel recuerdo mágico que yo tenía de la historia, solamente me quedó un bonito recuerdo/sensación en mi interior. 

Y además, aunque disfruté la obra nuevamente recordando cosas que se habían escapado a mi memoria, ahora también quedó claro en mí que estuve influenciada por esta novela de alguna manera en mi forma de narrar.  Releo mi propia novela, y puedo sentir en cada palabra las descripciones similares de Juana Spiry acerca de los paisajes de Suiza. Y es que no es solamente un bonito lugar el que debe imprimirse en la imaginación de cada lector: sino la SENSACIÓN de cerrar los ojos y estar ALLÍ, realmente viajar a esos lugares y percibir con los cinco sentidos cada detalle. 

Como escritora, me ha transformado, y me ha emocionado descubrir que este libro ha sido partícipe de mi transformación. 

Entonces, mi intención es lograr que en cada uno de mis escritos, llegue a cada uno de ustedes lo mismo que se imprimó en mí cuando leía Heidy... siendo niña, y siendo adulta. 

La propia riqueza de las palabras y el lenguaje. 

Nos leemos, =D 

Mina.

viernes, 10 de febrero de 2012

Manías de escritor 2- El cuadernito.







Les presento "El cuadernito rojo"


Hola a tod@s!! ¿cómo están pasando este verano/invierno? Depende de dónde sean... Aquí en Argentina a veces nos estamos literalmente cocinando, y me da un poco de cosa ver que en el Hemisferio norte estén teniendo semejantes bajas de temperatura! Pero espero que se estabilice pronto...
Una nueva manía les presento esta semana, mientras escribía uno de mis capis, y después de leer algunos artículos en face y blogs, dónde siempre aconsejan recursos para escribir, y algunas técnicas, presté atención a todas ellas, y me reí sola... generalmente, siempre cumplo con los requisitos!! ^^

Uno de ellos es el famoso cuadernito donde llevamos nuestra historia apuntada. Bueno... apuntada, despuntada, tachada, rayada, ideas, frases y palabras, nuevos personajes, o perfiles de los mismos, ideas, vueltas de tuercas, errores inclusive, cosas que corregir... todo pasa por el cuadernito que elegimos para anotar nuestras ideas.
En mi caso personal, es un cuadernito, a veces tb son hojas sueltas, y de esas también tengo varias, con trayectos largos de escenas que me gustaría incluir y aguardan su momento de ser traspasadas a la notebook.

Todo empieza... de camino por el centro... una librería a la pasada, artículos escolares, olor a lápices de colores, hojas de carta perfumadas, el plastico de las cartucheras nuevitas... estamos a fines de febrero, en marzo comienzan las clases, y no resisto la tentación de ver esos artículos que me traen tantos recuerdos de la escuela primaria, (vienen cosas tan mononas para los chicos!!), miro cuadernos, mi sección preferida, porque me encantan las tapas, de Hello Kitty, de Wini de Poo, de Flores, o de paisajes exóticos, algunos tienen tapas de cuadros, y otros, como el que elegí, solamente papel araña color rojo sangre. Lo veo, lo hojeo, sé que no van a aparecer letras mágicas ni dibujos, como en el Príncipe mestizo; pero mi mente traspola enseguida mi letra desprolija y dibuja todos aquellos renglones vírgenes. Sonrío en silencio, mientras mis amigas de la facultad me miran extrañadas, no entienden qué ocurre cuando uno puede "ver" la magia de su imaginación plasmada en aquellas hojitas rayadas. No importa. Contesto: "Este me gusta, éste me llevo".

"¿Otro cuaderno, para qué querés tantos?"
"Me gustan", digo.
Y con el cuadernito rojo bajo el brazo, y algunos resaltadores flúo para la facu, que nunca vienen mal, me llevo mi tesoro a casa.

Y, sin darme cuenta, entonces, mientras espero que una idea aflore... y no lo hace, o anoto los nombres que llevarán mis personajes, de pronto: una palabra, o una frase aparece: "por favor no me dejes", implora Ariel. Ariel... que no demuestra sus sentimientos, manifiesta un dolor en su alma.
¡Rápido, rápido!, una lapicera.

Mi arma de lucha fortuita, ¿dónde hay una antes de que se me vaya de la cabeza? No te escapes idea, ya te tengo acá en mi lengua y en mis labios, la repito a cada rato, es Ariel quien la dice, una y otra vez, Julieta no debe irse del bosque, sin escucharlo, porque solo por esa vez, él dirá algo más que una palabra que la pelee.

Abro mi cuadernito rojo, la tinta vuela como si tuviese alas, mis letras se desdibujan apuradas por la rapidez del momento, ¿quién es la que escribe...? Esa no es mi letra!! Es letra de apunte oral! No importa, ¿a quién le importa cuando Ariel está diciendo algo tan importante?... al finalizar, todo mi cuerpo siente esa satisfacción de haber conseguido una idea, vino de pronto, pero allí estaba el cuadernito, esperando para anotar lo primero que venga a la cabeza, en cualquier lugar donde esté mi cuerpo físico y terrenal. Un viaje de la ciudad de las diagonales a mi pueblo natal, en medio de un teórico aburrido (lamentablemente, para mi educación claro, es un tremendo ámbito de inspiración), un chico parado bajo la garita del micro bajo la lluvia, que casualmente tiene ciertas características a mi personaje principal... miles y miles de variantes que se plasman en él. Y sus hojas se llenan, con el paso del tiempo, escribo hasta en los márgenes, busco información para anotarla que complemente o justifique cierta parte de mi historia. Y junto a él, bueno... la versión original de mis historia, que también está plasmada en un cuaderno y tiene mas de una década...
Confieso, que una vez terminada la historia, la verdad es que me da mucha pena tirarlo a la basura, porque es como la parte vital y dinámica de la historia en si. Todos los "enganches" misterios revelados, relaciones personales, y trucos de escritor quedan allí. Para siempre en ese lugar eterno. Justificando, o no, cada acción que se desarrolla en nuestra historia. Es nuestra GUIA. La receta que nos lleva a que nuestro preparado salga bien. ¿No? Jeje, yo pienso que es así. Porque de ese cuadernito depende todo el desarrollo de mi historia. Incluso tiene escrito el final.

... Esperen que se me ocurrió otra cosa... ya vengo OHOHOH!!! una idea nueva... una lapicera, y... otro cuadernito... ¡esta es una nueva historia!...

Notebook, buena música, un café terminado, mi cuadernito y yo. La cocina de mi casa, un día de verano que hacía frío... e ideas que ocurrieron y que se escribieron. Y mi cara de feliz cumpleaños, posando para la foto =D


El cuadernito rojo, abierto, algunas cosas se ven, y otras... bueno, no se podían revelar =P , pero es mi compañerito esencial, en cualquier momento y lugar.

Hasta la próxima entrega!! =D

domingo, 15 de enero de 2012

Manías de escritor


Hola chicas!! Estreno nueva sección, porque un día pensando me dije... yo hago ciertas cosas cuando me dispongo a escribir. ¿Les sucederá a tod@s lo mismo que a mi?
Y bueno para comenzar este espacio, les quiero dejar esta canción que me llegó al alma, la escuché acompañando el dorama "Boys Before flowers" (si alguien no lo vio, lo recomiendo), y cuando me bajé la banda sonora, estaba escribiendo una escena de Tardes de Olvido que tenía que ser sumamente triste. (No diré nada más que eso XD) y recordé este tema porque siempre que aparecía en la novela me hacía llorar. Asique me dí una dosis de autoestimulación depresiva con música, mientras redactaba la escena. Y lloraba mientras la escribía. Así pude meterme en la piel de ambos personajes y dejar que se expresaran libremente. "What do I do" sonaba una y otra vez, la habré escuchado unas 60 veces. Bueno... hasta que terminé mi escena.
Esa es una de mis manías: AUTOESTIMULACIÓN MUSICAL.
¿Alguna la comparte? ¿Con qué musica y que tipo de escena a la hora de escribir?

Hasta la proxima!