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SINOPSIS
domingo, 27 de febrero de 2011
Book Trailer Novela Tardes de Olvido y Premio!!

sábado, 26 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
Capitulo 6- Carolina...

Se llevó un cigarrillo a la boca, mentolado, y pidió fuego a uno de los dos muchachos que estaban junto a ella en la calle, sentados en el paredón de su hogar, sus padres estaban adentro, sabían que fumaba y sabían mucho más de ella, pero hacían la vista gorda, para ambos, todavía era puertas adentro, “su niña”. Casi podían oír lo que hablaba con los dos desde la calle, porque no hablaban, gritaban, sí, las adolescentes cuando están en esta edad, gritan, porque necesitan que las escuchen, que sepan de que va su vida. Carolina era así, audaz, libre, sin límites, la primera del curso en todo.
Apodada “terremoto” de mas pequeña, la verdad era que Carolina había sido desde chiquita lo que los padres de Julieta llamaban una “mala influencia”. Fueron juntas desde jardín, y se quisieron desde jardín, pero casi Julieta podría escuchar de la mente de sus padres que cuando hay fuego en la sangre, se transmite vía congénita. ¿De dónde habían sacado semejante idea, qué significaba ese dicho?, y además, no lo llegaba a comprender del todo.
Julieta hubiese dado todo por ser un poco como ella, tan lanzada. Parecía que le sacaba el pecho a la vida, enfrentando todo tipo de situaciones problemáticas. Carolina era la que siempre conseguía el permiso para salir, la primera, por cierto de todo el curso, fue la primera en darle un beso a un chico, en fumar, en “ponerse en pedo”, en obtener un celular, aunque en esa época todavía no servían para nada, porque no estaba masificado. Cuando buscaba a Julieta para salir a bailar, los padres de ella temblaban, qué harían, qué no, en qué estado volvería su hija…
Carolina no era mala, y ellos no podían evitar que ambas se juntasen. Pero creían que no era de fiar y algún día tiraría la amistad por la borda. Cuando los intereses de ambas se cruzaran, no podían evitar sentir esa espina.
Julieta no los escuchaba, ella era su amiga incondicional, hasta que se puso de novia con Sergio. Allí pasaron de estar juntas tooodo el día, y se vieron solo en la escuela, y algunas tardes para hacer algún deber.
A Caro se le podía rescatar que era a pesar de sus andanzas, una excelente alumna, nunca se llevaba una materia en la escuela, siempre tenía todo estudiado, y hablaba y participaba en clases tanto como Faustina, la chica con mejor promedio en los últimos 20 años de colegio. Y contra eso, los padres de Julieta no tenían nada que criticarle.
-Yo salgo y hago de todo, y mirá, me va casi igual que a la traga. No hay que matarse tanto… es la escuela por Dios. –solía decir a su amiga.
-Este es el anteúltimo año de colegio. Tenemos que divertirnos en grande, hacer fiestas, y pasar tiempo juntos muchachos.
- Tendríamos que empezar a organizar nuestro viaje de egresados. – dijo uno de los chicos, llevaba bombacha de campo, alpargatas de yute, y una camisa a cuadros un poco desaliñada. –Alta joda.
-Llevate un cajón de preservativos en el bolso –rió Fernando. –¡¡Vos no dejas títere con cabeza!!
Juanito (así le decían en la escuela) lo miró con enojo falso y dio la última pitada a su cigarrillo. Lo arrojó al suelo y pisó para apagar lo que quedaba del filtro.
-¿Y Julieta como anda? –preguntó como para cambiar de tema. Pero Fernando enseguida relacionó con lo anterior.
-Ahhh, que también le querés dar a Julieta, no ves que está en periodo de viudez.
-Ehh, chicos no se zarpen. –los retó Caro. –Está pasando un momento difícil.
-Hace como un mes que no viene a la escuela.
-Tampoco tanto. –la defendió su amiga.
-¿Pero qué, tan mal está? Ya tendría que buscarse otro. Sergio era medio raro. Nunca voy a entender que se le cruzo por la cabeza para matarse.
El tema de conversación quedó sumido entonces en Sergio, a nadie le cerraba que fuera tan bueno, entre los chicos no caía demasiado bien, tenía alguna junta no muy agradable y con chicos de otras ciudades, no con los del pueblo. ¿Por qué?, no se sabía a ciencia cierta. Pero entre los varones del lugar no tenía mucho espacio propio. Carolina sin embargo, nunca notó nada raro, le caía tan bien, salvo por el hecho de que era el novio de su amiga. De repente entró a su casa, y gritó desde adentro que en un rato traía el mate de vuelta a la vereda.